21 ene. 2014

¿Improvisamos?

Todos ya sabemos la importancia de la creatividad para el desarrollo y el disfrute de la vida, pues yo no se si hay herramienta más valiosa para estimularla que la improvisación. Enfrentarnos a la posibilidad de hacer lo que queramos pero manteniendo cierto equilibrio con algo o alguien, tal vez simplemente con nuestro propio gusto, nos pone en un estado de máxima creatividad y ahí es donde tenemos que explayarnos.
El otro día estaba con una niña de 9 años que toma clases particulares de música y, si bien tiene facilidad para el aprendizaje, se manifestaba en ella cierta rigidez rítmica. Los trabajos hechos con una partitura enfrente no daban resultados positivos pero al momento de improvisar y tener que dejarse llevar por su instinto y el oído, se notaba que adquiría una precisión que de otra manera era imposible y que su disfrute y musicalidad aumentaban. Me sorprendí al principio pero luego de unos minutos me pareció que lo sucedido era lo más natural ya que jugar a la música es eso: dejarse llevar por el ritmo y la melodía mientras tocamos o cantamos.
La capacidad de improvisar es como una especie de llave que te llevará a encontrar la respuesta, la salida o la solución que busques, siempre y cuando no se pierda el rumbo elegido. En los niños esto es lo más natural, el problema es que a veces las instituciones educativas (o el profesorado) en lugar de buscar estimular esta capacidad, lo que hacen es intentar reemplazarla por la actitud de "dejarse llenar por lo que viene de afuera", actitud que puede derivar en cierta incapacidad para la autosuficiencia ante la vida. Cuando un niño juega improvisa constantemente pero seguramente sabiendo a dónde quiere llegar con su juego desde el comienzo, y así va creando diferentes situaciones que satisfarán ciertas necesidades. Si usamos esta capacidad que tienen dentro del proceso educativo nos encontraremos con que despertamos una atención más concentrada, que su participación en la actividad será más productiva, que pensará buscando ideas para lo que sea que se plantee, que producirá algo propio y eso le irá llenando de satisfacción y, en definitiva, se divertirá usando su propia curiosidad como guía y estímulo. Tanto en el cole como en casa el niño puede desarrollar su creatividad constantemente, con cada tarea a la que se enfrente.
Esta es la línea fundamental de mi trabajo y sabiendo los objetivos que quiero alcanzar me puedo dejar llevar por lo que los propios niños proponen y hacer de cada clase un mundo de música, una historia, una canción o lo que sea que pueda surgir de tantas cabecitas creadoras, y pasar un momento maravilloso todos juntos.

Improvisemos, juguemos, inventemos, imaginemos que seguramente así logremos crear una sociedad mejor.

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