11 dic. 2017

Saber decir ¡NO! también es cosa de niñ@s

Como muchos ya saben en Crear y Crecer no nos limitamos simplemente a la música y el teatro, tenemos una serie de trabajos paralelos que hacemos con nuestros alumnos y alumnas y que abarcan diferentes aspectos de la persona. Desde hace ya algún tiempo nos hemos encontrado con una gran dificultad en la mayoría de los niños y niñas en nuestras clases: saber decir un NO con convicción y seriedad. La situación suele repetirse una y otra vez, un compañero y compañera que molesta y/o pega y del otro lado un niño o niña que ante ese hecho no es capaz de decir "No me pegues" o "No me molestes" llegando incluso a haber situaciones donde por los nervios se ríen mientras son molestados o golpeados ¿Cómo es esto posible? Está claro que ante una situación de este tipo deben informar al profe o adulto encargado, pero hay que dar ese primer paso de poner freno al agresor o agresora, sabiendo ponerse serio y poner un límite verbal. Pero en la mayoría de los casos, prácticamente todos, se quedan mirando con asombro cuando les enseñamos como ponernos serios y decir ¡¡No me hagas eso!! Creen que se trata de algo que sólo los adultos pueden decir, que por ser niñ@s no pueden imponerse verbalmente ni ser tan firmes en algo ¡¡Esto no es así!! hay que ayudarles a defenderse en esos momentos en los que no hay profes ni madres ni padres ni ningún adulto que pueda hacer algo, hay que enseñarles a ponerse serios para defenderse y hablar con firmeza para decir ¡Basta! ¿Cómo pretendemos acabar con el acoso escolar, el bullying, sin abarcar este trabajo? ¿Por qué a prácticamente todos los niños y niñas con los que hablamos, les parece tan raro cuando les pedimos que sean firmes al hablar y lo hagan con la seriedad que la situación requiere?.
Nos encontramos con la necesidad de profundizar mucho en estas cuestiones, gracias al teatro y ejercicios de expresión verbal y facial se hace más fácil, pero queremos transmitir a toda la comunidad esta situación que nos ocupa y preocupa. Hay que ayudarles, frente al espejo si es necesario, a expresarse verbal y facialmente en este tipo de situaciones que pueden ser incómodas, difíciles, dolorosas y hasta humillantes, pero si no les explicamos que su pasividad puede estar alimentando al agresor/a, estamos obviando una parte muy importante del problema. Está claro que hay que apuntar a los testigos que refuerzan la actitud del agresor/a, pero no es el único punto a abordar, sino estamos perdiendo la oportunidad de hacer un trabajo más profundo en la persona, enseñándoles que a pesar de ser pequeños tienen derecho a defenderse, no sólo poniendo al tanto a profes y familias, sino que pueden defenderse por sí solos en un primer momento y luego ir a hablar para poner en conocimiento de los responsables lo que sucede.
Estamos en una sociedad que está aprendiendo muchas cosas en cuanto a agresiones físicas y psicológicas y si no nos ocupamos de que l@s más pequeñ@s comiencen a defenderse no hacemos más que retrasar la solución a este problema ya que haremos que los adultos de mañana sean los peques que no han sabido actuar resignándose a vivir la agresión que les toque y desarrollando esta actitud en lugar de la propia defensa.
Como en cualquier actividad l@s niñ@s aprenden muy rápido, mucho más que un adulto, si nos ocupamos de este aspecto también nos sorprenderemos de los excelentes resultados a corto plazo ¡¡Las caritas de satisfacción cuando se miran al espejo y logran ponerse serios y firmes mientras practican decir NO nos demuestran cuánto hace falta hacer este trabajo!!
Antes de finalizar queremos aclarar que no es lo mismo decir NO a una madre, padre, hermano/a o familiar que a un par (mucho menos cuando es una situación violenta) no hay que confundir lo que puede suceder en casa con lo que vaya a suceder o suceda en el cole, hay muchos casos en los que sí se imponen verbalmente a sus familiares pero no a su pares.

Está en nuestras manos enseñarles a pelear por sus emociones, a defenderlas, a expresarlas y a actuar de forma activa ante una agresión, sin necesidad de devolver el golpe, sino que dando el primer y fundamental paso de poner un límite con nuestra VOZ. No es un remedio mágico, pero nos aseguraremos de reforzar su auto estima de una manera notable y en muchos casos, dejarán al agresor/a descolocados con la firmeza de su actitud.

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