28 sept. 2017

Los beneficios de la educación musical

Compartimos esta nota escrita por Maru para la web de SOMOS Infancia, esperamos que la disfruten mucho, para ver la publicación original podéis visitar la página: https://www.somosinfancia.es/los-beneficios-de-la-educacion-musical

Se habla mucho acerca de los beneficios de la formación musical para el desarrollo cerebral, como por ejemplo el estudio del neurólogo y neurocientífico Gottfried Schlaug de la Harvard Medical School y sus compañeras Marie Forgeard y Ellen Winner, del Boston College, presentado en el encuentro anual de la “Cognitive Neuroscience Society” de Estados Unidos en abril 2008, en el que pudieron establecer que los niños que tocan un instrumento un promedio de dos horas y media a la semana desarrollan un 25% más el cuerpo calloso, la zona que conecta los dos hemisferios cerebrales.

Ahora bien: tocar un instrumento musical fortalece las conexiones entre los dos hemisferios del cerebro en niños, pero sólo si éstos practican de manera persistente. Entonces hay aquí varias cuestiones fundamentales:

¿Cómo logramos una constancia que dure unos cuantos años en niños pequeños?

¿Podemos alcanzar los mismos resultados con diferentes métodos de educación musical?

¿La única manera de conseguirlo es comenzando con el solfeo?

En nuestro caso y después de muchos años trabajando con los más pequeños y de haber pasado cientos de niños por nuestras clases, podemos decir que la mejor manera de conseguir esto es a través del interés verdadero de cada persona sobre la actividad. Y esta tarea resulta mucho más fácil en las edades más tempranas ya que cuentan con sus neuronas espejo trabajando en su máxima potencia y con una habilidad natural para la soltura musical. De esta forma podemos observar cómo, sin necesidad de poner consignas, van siguiendo la canción con el instrumento que estén tocando o con su propio cuerpo. Una vez que todos se sueltan a jugar con los ritmos y los instrumentos, comienza una escucha activa y consciente y su propia intuición les va guiando en el camino del aprendizaje buscando mejorar el sonido o la precisión. Es ahí donde comienza a aparecer el interés personal de cada uno por el desarrollo musical ¡¡Difícilmente quieran dejar la música si a estas edades se interesan mucho por ella!!

Hemos podido observar que las habilidades adquiridas hasta los tres o cuatro años persisten con más firmeza incluso en aquellos que no han practicado con mucha constancia los años siguientes. Aparte de esto, en los casos en que se ha despertado un interés verdadero sobre algún instrumento o la actividad musical en general, hemos visto alcanzar los resultados de forma muy rápida y consolidada, como varios de los casos que hemos tenido donde los propios niños ya con entre 6 y 8 años han pedido ir al conservatorio para ampliar sus conocimientos. Estos son los casos que corren menos riesgo de abandono de los estudios ya que han podido comprobar todos los beneficios y satisfacciones que les ha aportado la música y saben que el estudio del solfeo es una herramienta más para crecer musicalmente. Estos niños quedan, por así decirlo, “inmunizados” frente a las falencias que el sistema educativo en el conservatorio pueda presentar, corriendo menos riesgo de frustrarse y abandonar su relación con la música.

No queremos decir con esto que no se pueda empezar a estudiar la música con edades más avanzadas, tenemos alumnos que han empezado con más edad y han descubierto un interés que les ha llevado hoy en día a ser pequeños músicos que tocan en diferentes grupos y estudian en el conservatorio, pero no podríamos hablar de esto como regla general cosa que sí podemos hacer cuando hablamos de la gran facilidad con la que aprenden los más pequeños.

Entendemos la música como un lenguaje y si los peques son capaces de aprender cientos y miles de palabras en cortos lapsos de tiempo y sin necesidad de saber leer y escribir, no hay por qué pensar que con la música será diferente, entonces si sabemos que son los más pequeños los que están mejor preparados para asimilar lenguajes nuevos ¡Aprovechemos esa oportunidad! Por supuesto siempre desde el juego, de forma metódica, pero lúdica, ya que ese es el método más eficaz para cualquier proceso de aprendizaje en edades tempranas.

Ahora hay un tema del que no se habla tanto pero que resulta fundamental para nosotros cuando hablamos de los beneficios de la educación musical, es el refuerzo de la autoestima. La música es un refugio emocional, mental, físico y espiritual para el músico que la ejecuta, en muchos casos acaba siendo una compañera a la vez que es parte de la propia persona y esta relación puede durar toda la vida. Si contamos con ese espacio desde pequeños podremos obtener una mejor visión de nosotros mismos, un mejor manejo de la frustración, mayor capacidad para comprender las emociones, mejoras en la concentración, en la comunicación, más auto control, mejoras en la psicomotricidad (el uso de la batería es un claro ejemplo), mayor capacidad de concentración al momento de escuchar, todas cuestiones que fortalecen la formación de la autoestima de una forma considerable si se realiza durante los primeros seis años de vida. Hoy en día somos felices cuando vemos alumnos que han comenzado con 2 y medio y 3 años y que hoy tienen 6 o más y, gracias a descubrir un interés, ya cuentan con un claro perfil artístico que les ha permitido estar frente a diferentes públicos en diferentes escenarios haciendo lo que eligieron hacer, dando ese paso al vacío que significa la exposición al público, pero luego sintiendo una enorme satisfacción al terminar el “show” y recibir el reconocimiento del público, pero a la vez sintiendo ansias por seguir trabajando para mejorar y, sobre todo, se sienten felices con ellos mismos. ¡Y aún no son adolescentes!

No tenemos ninguna duda de lo que decimos y por eso creemos que el mejor consejo para aquellos padres y madres que quieran acercar a sus hijos a la formación musical es que prueben con diferentes opciones hasta dar con aquella mejor vaya con él o ella, pero, sobre todo, que le haga sentirse feliz.

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